La transparencia no es solo municipal: el caso del general destituido en EE. UU. muestra cómo una institución pública investiga, sanciona y debe explicar sus decisiones. Los hechos, sin inventar un vínculo local.
Los ayuntamientos son parte de la Administración Pública y también litigan: una defensa estatal coordinada, con reglas claras y sin contradicciones, es una referencia directa para la gestión municipal.
La transparencia no es solo para los ayuntamientos: también alcanza a los negocios que operan en los municipios. Las sanciones de la DGII y lo que deben aprender los comercios locales.
Desde lo municipal, el ejemplo que otros cabildos pueden copiar: Santiago ordena su cableado con operativos y una ordenanza de fondo. Qué hizo, qué exige y por qué importa para cada municipio.
Desde lo municipal, la lección del acto de hoy también aplica a los ayuntamientos: mérito, transparencia y capacitación del personal como base del servicio público. La condecoración a Roberto Álvarez y lo que de ella aprende la gestión local.
Desde lo municipal, el orden público también se construye destruyendo lo ilegal: San Cristóbal destruyó más de 300 tragamonedas incautadas, con su Fiscalía y la Policía Nacional. Un ejemplo que otros ayuntamientos pueden mirar.
Desde la transparencia, el caso que investiga el manejo de fondos públicos se aplazó otra vez: el juicio del caso Calamar quedó para el 4 de noviembre. Por qué este aplazamiento es distinto al anterior.
Desde la transparencia municipal se entiende por qué importa el caso Calamar: pagos por terrenos, avalúos y cesiones de crédito con fondos públicos, y un juicio que debe establecer qué pasó. Lo que el proceso enseña sobre el control de los recursos en cualquier institución, incluidos los ayuntamientos.
Desde lo municipal, el reclamo de Puerto Plata es un caso para estudiar: obras del presupuesto participativo pendientes desde 2019 y 2020, un plan de ordenamiento en espera y un regidor que pide continuidad y seguimiento. La gestión, en detalle.
Desde lo municipal, el caso de Sabana Iglesia es un ejemplo de lo que pasa cuando la gestión de residuos se queda en promesas: un vertedero de más de 30 años, dos compromisos sin calendario cumplido y una comunidad que exige cuentas y solución.